CARLOTA [relato corto]

Publicado por Elena Lobos en

Carlota avanza a gatas por un ensangrentado enlosado, a través de un estrecho pasillo de paredes manchadas. Siente un ligero dolor de cabeza, y la debilidad embarga su cuerpo desnudo y descarnado.

Carlota está febril. Puede sentir el vapor que brota de su ser, la extrema palidez de su rostro y la resequedad de sus labios mientras gatea con pesadez. Sin embargo, no se puede detener.

Carlota tiembla y se encoge de dolor cada vez que los calambres arrecian. Entonces se detiene, baja la cabeza y afinca la frente sobre sus brazos. Una mueca en el rostro y los dientes apretados. Carlota gime y permanece allí, muy quieta, mientras la sangre emerge y se desliza lentamente por el interior de sus piernas.

Cuando el dolor amaina, Carlota continúa. Alza el rostro y fija la vista en la delgada y deslumbrante abertura que se halla en la pared del fondo.

El final… El final la aguarda.

Otro calambre. Carlota apoya la cabeza en el antebrazo y se da un fuerte puñetazo en el vientre. El dolor disminuye.

Carlota respira de forma breve y entrecortada; su cuerpo se estremece. Luego retoma su camino. Nada más importa, solo alcanzar la abertura.

Falta poco, muy poco, cuando una de sus manos se topa con un enorme coágulo de sangre y resbala; pero enseguida se incorpora. Manos y antebrazos bañados en rojo, rodillas y muslos también. Una gran mancha escarlata cubre su frente.

La fiebre arrecia. Continuos estremecimientos embisten su frágil cuerpo. El dolor de cabeza empeora… La marea de sangre corre imparable por sus piernas.

Sus inestables extremidades tiemblan, y Carlota cae con un cruel chapoteo. La abertura se encuentra a solo un metro. Tan cerca, tan seductora.

Comienza a arrastrarse sobre su pecho y su vientre, con la poca fuerza que le queda. ¡Pero sus manos no llegan!

Frustrada, se aferra a los resquicios de las losas e impulsa su cuerpo hacia delante. Solo un poco más… Un poquito más. Pero sigue fuera de su alcance.

Carlota sigue, y sigue, y sigue intentándolo. Testaruda, desesperada. No obstante, los mismos centímetros la separan.

Se detiene. Su débil cuerpo se estremece con los sollozos; sabe que no lo logrará. Entonces algo se aferra fuertemente a sus tobillos y comienza a tirar de ella hacia atrás.

Carlota grita, se retuerce e intenta zafarse. Gira la cabeza hacia aquello que la arrastra, y ve un grotesco muro de retorcidos cuerpos que se aglomeran cubriendo el angosto pasillo.

Mujeres… Mujeres horribles y desnudas. Apiladas unas sobre otras hasta alcanzar el techo. La expresión de sus descarnados rostros la paraliza de terror.

Las mujeres abren sus hambrientas y desdentadas bocas, y gritan al unísono. Un estridente alarido que hiela la sangre. Lleno de odio y pavor, súplica y dolor…, miedo y envidia.

Carlota abre la boca y les grita a su vez; desafiante. Sin embargo, a medida que la arrastran, el desafío da paso a la desesperación. Intenta luchar, intenta escapar, pero la sangre dejada atrás por otros miles de seres le dificulta el camino. No se puede sujetar.

Carlota se resigna, débil e impotente. Su frente golpea el enlosado; su cuerpo ensangrentado es arrastrado por las hembras, por las madres y hermanas, jóvenes y ancianas… Ve como la abertura se aleja cada vez más y más.

 

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Fotografía de rawpixel en Unsplash editada en Adobe Photoshop CS6.

Categorías: Relato

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