EL CANTO DE LOS GRILLOS [relato corto]

Publicado por Elena Lobos en

Permanezco en la cama con los ojos muy abiertos. El estridente ruido que hacen los malditos grillos me perfora los tímpanos. Solo deseo atraparlos y aplastarlos con mis propias manos, uno a uno, hasta que sus grotescos cuerpecitos se quiebren y todo quede en completo silencio. Silencio… ¡SILENCIO! Delicioso y maravilloso silencio.

Sin embargo, es imposible. Jamás podré atraparlos a todos. Jamás. Son demasiados… Y muy rápidos. Una maldita plaga enviada por Dios a este pueblo infernal para castigarme.

Además, ellos saben que quiero matarlos. Oh, sí, los malditos lo saben. Puedo percibirlo en su chillar. Se burlan, desafiantes. Me retan. Pero yo no soy idiota, no. No haré el ridículo intentando atraparlos.

Aunque hacer el ridículo me importa cada vez menos. ¡Solo quiero que se callen! ¡CÁLLENSE YA, MALDITA SEA!

Cada vez estoy más convencido de que las demás casas están en completa calma, en total silencio. Ya todos deben haber notado la ausencia de los grillos, sí. De seguro se están preguntando a dónde se fueron, confundidos, aunque aliviados. ¡Ya no hay grillos!, deben estar gritando mientras dan saltos y ríen. Casi puedo verlos… Casi puedo oírlos. Me entran unas incontrolables ganas de aplastarlos a ellos también. Quebrarles sus palurdos huesos mientras admiro como su sangre resbala por mis manos.

No.

Ellos no tienen la culpa. Ellos no saben. ¿Cómo pueden saber que todos los endemoniados grillos se han congregado alrededor de mi casa para atormentarme?

Hace dos semanas que no duermo. ¡Dos semanas! Tengo los ojos rojos, unas ojeras profundas y el rostro macilento. Estoy empezando a tener problemas para recordar cosas, para enfocar cosas, para coger cosas, y un palpitante dolor de cabeza me acompaña día y noche.

Llegué a Pueblo Aparte ansioso por alejarme de la ciudad, del tráfico, del humo, de la gente, del ruido, el ruido, ¡el ruido!

Y ahora estoy aquí. Asediado y atormentado por los malditos grillos.

Vuelvo el rostro hacia la izquierda, hacia la desgastada puerta de la diminuta habitación, y entonces la veo… Justo al lado. La preciosa escopeta Haenel Jaeger 9 que compré antes de mudarme.

Casi puedo escucharla llamándome, seductora. Acércate…, cógeme…, úsame… ¡Qué grato sería! Y qué fácil… Un solo ruido ensordecedor y todos los demás desaparecerían. Ya no volvería a escuchar a esos bichos. Nunca. Nunca jamás. Ya no volvería a soportar ningún maldito ruido. Podría dormir… para siempre.

Me incorporo, y justo cuando abandono la cama, los grillos callan.

Me vuelvo a sentar, confundido. Los muelles gimen y me encojo como si una granada hubiera explotado justo a mi lado.

Los grillos permanecen en silencio. Siguen allí, muy cerca, lo sé. No me engañan. Están a la espera de que vuelva a intentar dormir. Entonces retomarán sus chillidos.

¿O no?

Me acuesto. Lentamente. Cierro los ojos…

¡CRI! ¡CRI! ¡CRI! ¡CRI!

¡AAAAAAAAAAAAH!

Me levanto de un salto, tomo la escopeta, abro la puerta de una patada y salgo al exterior. Empiezo a dispararle a los miserables grillos.

¡PUM! ¡PUM! ¡PUM!

Cargo y disparo, cargo y disparo.

¡PUM! ¡PUM! ¡PUM! ¡Clic!

Permanezco de pie, con la respiración agitada y la mirada enloquecida, débil y agotado, a la espera.

¿Será posible…?

¡CRI! ¡CRI! ¡CRI! ¡CRI!

Un gemido de desesperación escapa de mi garganta y dejo caer la escopeta, abatido. Me tumbo sobre la maleza invadida por el chillar de los grillos y empiezo a llorar.

Cuando despierto, ya es de día. El caluroso y deslumbrante sol me impide abrir los ojos por completo. La piel me arde y tengo la garganta en carne viva. Estoy sucio y febril; cubierto de ramitas secas, tierra y hormigas.

No importa.

¡PUDE DORMIR! Suelto una carcajada histérica. ¡Y LOS MALDITOS GRILLOS DESAPARECIERON!

Bueno, solo hasta que anochezca. Entonces regresarán. Miro a la esbelta belleza que yace durmiendo mi lado, deslizo la mano lentamente por su ardiente culata. Pues que regresen. Aquí los espero… junto a la hermosa Haenel Jaeger.

 

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Photo by Jason Schjerven on Unsplash.

Categorías: Relato

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