DESAPARECIDA [relato corto]

Publicado por Elena Lobos en

Estoy nerviosa. Ellos necesitan que la encuentre. Hija de un importante y muy adinerado empresario. Harán lo que sea para localizarla. Lo que sea… Incluso recurrir a mí.

Me permiten entrar en la habitación de la chica. Todos me observan con aprehensión, en completo silencio. La incredulidad emana de sus ojos; puedo sentirla taladrándome la nuca. No obstante, también hay esperanza, lo sé. Siempre hay una pizca de esperanza. Ellos quieren creer… Ellos necesitan creer.

Tengo que encontrar algo con lo que pueda hacer contacto; algo impregnado de su esencia. Rozo con mis manos objetos al azar: una franela roja, un desgastado peluche de Bugs Bunny, un libro de Jo Nesbø… No la siento. Maldita sea, no la encuentro… Y entonces veo algo.

―Tiene un perro ―murmuro sin quitar los ojos de encima del diminuto juguete de goma con forma de hueso. Mi cuerpo se tensa inmediatamente.

―Sí ―responde la Sra. Montoya, la madre―. Frodo. ―Y sin esperar a que yo diga nada comienza a llamar al animal―. ¿Frodo? ¿Frodo, dónde estás? ¡Frodo, ven aquí!

Intento hacer un ademán para que se calle, pero en ese momento una criatura pequeña y arrugada de color barro emerge del clóset.

―Ahí está ―señala la mujer, como si fuera necesario.

―Ya veo…

Miro al repelente animalito con desagrado. Estoy dispuesta a ignorarlo y proseguir mi búsqueda pero, justo cuando empiezo a darme la vuelta, una ráfaga de viento gélido choca contra mi cuerpo y me hace estremecer.

Observo a mí alrededor con atención, noto que nadie más parece haberla sentido, tampoco veo ventanas abiertas. Además, estamos en pleno verano.

Alguien gime. Todos los ojos están fijos en mí. Sigo el sonido y diviso al detestable animal enrollado en una manta. Está temblando…

«Mierda.»

Lo último que deseo es contactarla a través de su maldito perro. Titubeo pero sé lo que tengo que hacer y no puedo darme el lujo de perder el tiempo.

Me dirijo lentamente hacia la pequeña bestia ―«Frodo»― y acerco la mano. El frío proviene de él, ahora estoy segura. Tengo que tocarlo. Necesito hacer contacto físico para sentirla, para encontrarla, pero mi aversión es demasiado fuerte.

Cierro los ojos con fuerza, obligo a mis temblorosos dedos a rozar su pelaje. De inmediato mi frente comienza a sudar y puedo sentir cómo los colmillos se clavan en mi carne. Un gemido brota de mi garganta. «No es real, no es real, no es real… No están aquí.» Mi cuerpo se encoje, ásperos gruñidos inundan mi cabeza y siento unas terribles ganas de gritar. Abro los ojos, los tengo anegados en lágrimas, y me obligo a respirar. Las cicatrices de mi cuello arden. «Ana», me digo. «Piensa en Ana. Enfócate en la chica.»

Frodo me observa con sus desagradables ojillos llenos de lagañas. No dudo. Rápidamente lo tomo en brazos y me libero. El frío golpea mi cuerpo con violencia, el sudor se desvanece y comienzo a tiritar. El miedo estruja mi pecho, el hambre corroe mis entrañas… «Está viva.» El alivio se abre paso. «Tiene frío, hambre y está aterrada… Pero está viva.»

Continuará…

 

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Fotografía de Vincent van Zalinge en Unsplash

Categorías: Relato

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