DESAPARECIDA II [relato corto]

Publicado por Elena Lobos en

Taena me observa con preocupación.

―¿Y? ―pregunta―. ¿Qué harás ahora, Ali?

Volteo la mirada hacia la sala de estar, hacia la diminuta bestia que se encuentra agazapada en su manta. Mi rostro se contrae instintivamente.

―Esperar hasta obtener más información ―respondo apartando la vista.

La Sra. Montoya había insistido en que me quedara con el desagradable animal para que no perdiera el contacto con su hija. La mujer está convencida de que si logro formar un vínculo con el monstruito quizá pueda tener una visión más amplia de la situación en la que se encuentra Ana.

Dado que me pagan una muy buena suma de dinero por mis servicios, no pude oponerme. Pero lo peor del caso es que quizá la mujer tenga razón.

―¿Y estás segura de que no pasaste nada por alto? ―Taena me observa con atención.

―Lo estoy. ―Mi voz suena hastiada, cansada. Había pasado las últimas siete horas reviviendo una y otra vez lo experimentado en la habitación de la chica; analizando hasta el más mínimo detalle, la más vaga sensación, el más insulso pensamiento compartido… No había descubierto nada nuevo―. Todo estaba oscuro, Tani. No vi nada, solo la sentí. Su hambre, su miedo… Hacía mucho frío.

Un gemido proveniente de la sala me provoca un sobresalto. La presencia de la pequeña bestia me está alterando más de lo que esperaba. Después de abrazarlo para conectarme con la chica había pensado ilusamente que podía soportar vivir un par de días con él sin perder la cabeza. Tan solo han transcurrido siete horas desde que lo traje y ya deseo que desaparezca junto con su dueña.

«Maldito animal… ¡Maldito dinero! Si no lo necesitara tanto no estaría haciendo esta mierda.»

Tengo que encontrarla. Viva, preferiblemente. Si la chica vive me pagarán el doble.

―Oscuridad, hambre y frío ―está diciendo Taena. «Y miedo. No olvides el miedo»―. Lo único que se me ocurre es que está encerrada en un congelador. Un congelador vacío en casa de algún pervertido. Tiene que ser un pervertido. ¿Por qué no llamar a los padres si solo quiere dinero? ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la desaparición?

Frodo vuelve a gemir. Me levanto con brusquedad.

―Cuatro meses. ―Estoy harta del tema, de la chica, de sus padres, de los molestos intentos de Taena por ayudar, del maldito animal que gimotea en mi sala…

―No quiero ni imaginarme lo que ese…

―Voy a dormir ―la interrumpo―. Estoy cansada.

Evito su mirada. Estoy actuando como una imbécil, lo sé, pero no quiero tener que disculparme.

―Anda, yo iré luego ―me dice. Se pone de pie y se dirige hacia la sala. No tarda en llamar a la pequeña bestia―. Frodo, ven. Ven, lindo…

Una vez en la cama, lejos de Taena y del fastidioso animal, el sueño se torna esquivo. Acabo de cenar pero aún me siento hambrienta; tengo frío pero estamos a mediados de Julio; la ansiedad se ha hecho un nido en mis entrañas sin motivo aparente; y para colmo, las malditas cicatrices del cuello no dejan de arderme.

Es una buena señal. Ana sigue viva. Aunque eso también es señal de que no pegaré ojo en toda la noche. Sin embargo, el sueño al fin se digna a hacer acto de presencia. Me sumerjo en él, inesperadamente, y antes de que se materialice, el terror que me corroe me prepara para lo que acecha más allá de la oscuridad. «El Director.»

El miedo que me provoca el inesperado pensamiento no se compara a nada que haya sentido antes. El sonido de sus pasos, un candado que se abre y una rendija de luz que me ciega. Su mano que emerge de la nada, se aferra a mi pelo y tira de mí con fuerza. Contengo un quejido y me dejo arrastrar hasta la habitación de la cama roja. Silenciosa y manejable, como una muñeca.

Me suelta y me siento desfallecer sobre las sábanas de seda. Las deslumbrantes luces de la habitación me taladran las sienes. Inclino la cabeza, el enmarañado cabello oculta mi rostro, y entonces oigo su voz.

―Ponte esto. ―Una espesa peluca rubia aterriza en mi regazo. Luego un diminuto vestido rosa―. Hoy serás la adorable JonBenét.

Su desagradable risa me hiela la sangre.

 

Continuará…

 

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Fotografía de MontyLov en Unsplash

 

Categorías: Relato

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